Para un día que podemos dormir un poco más, a las 6 se ha levantado la familia esa patética que deben pensar que lo que ellos hacen es lo único que vale, y se han liado a dar portazos y hablar a voces a nuestro lado.
No me ha quedado más remedio que llamarles la atención, y ya se han callado con lo que hemos podido dormir un poco más.

A la salida del pueblo hay una ascensión no excesivamente dura, en cuya cima hemos encontrado una especie de templo de enredos de esos típicos de perroflautas.
Enseguida se llega a Astorga donde hemos empleado un buen rato haciendo fotos, sellando la credencial, comiéndonos el bocata, y atravesando el mercadillo callejero que se pone el martes justo en medio del Camino.
Hemos abandonado Astorga con la intención de comer en Rabanal o por ahí. Se puede ir por la carretera, pero como nosotros estamos haciendo el camino transitamos por las pistas vacías paralelas al asfalto.

Por fortuna y bromas aparte, y eso que el terreno es bastante malo, no he tenido mayores consecuencias que el rato de risas que nos hemos pasado.
Continuamos la ascensión, no muy pendiente pero sí muy técnica, hasta alcanzar Foncebadón. Me río ahora de los "mortirolos" y "camellas" de Cáceres, que son simples cuestecillas comparadas con lo que venimos superando casi todos los días.
En Foncebadón hemos comido y reposado un rato, y además hemos conocido a dos señoras holandesas que vienen haciendo el Camino desde su país. Van por carretera, pero llevan ya más de 2000 km, y lo que es más curioso es que son ya bien "duritas".
Las holandesas han partido por carretera, y al momento lo hemos hecho nosotros por la pista. Hace calor, pero en un rato estamos en la Cruz de Ferro, donde he dejado la piedra para Marta que traía desde Cáceres.
Alvaro ha grabado un pequeño vídeo del momento.

Queríamos haber llegado a Ponferrada, pero la bajada nos ha dejado extenuados, así que nos hemos quedado 6 km antes, en Molinaseca.
El albergue está bien. El hospitalero, Matías, es una excelente persona y nos ha dado toda clase de facilidades. Ducha, colada, cena y crónica.
Podríamos haber cogido cama en la sala, pero varios hemos escogido dormir en el porche, y hace un rato bajaba gente de arriba a dormir con nosotros, porque arriba hace mucho calor y además huele a "humanidad".
El año pasado hice una promesa y era no volver a quejarme de ninguna de las cuestas de Portugal por las que entrenamos jajaja... en el camino se suben tantas y tan joias que las quedan como meras rampitas,
ResponderEliminarFelicidades por tus fotos,muchas son diferentes a las que hace la gente normalmente y por eso nos ofreces una visión nueva el camino, muchas gracias por ello.
Un saludo
¡¡ y que no os coja la ola de caló sahariano!!